Revisado por Dr. Óscar Rivas, Psicólogo clínico, PsyT
Última revisión: 2026-10-07 · Próxima revisión: 2027-10-07
Respuesta breve
El trauma colectivo es el daño psicológico y social que un evento catastrófico, como una guerra o un desastre, deja en una comunidad entera: rompe los lazos entre sus miembros y marca la identidad y la memoria del grupo. No es un diagnóstico. La mayoría de los expuestos se recupera; quien no, necesita evaluación individual.
¿Qué es el trauma colectivo?
Es la huella psicológica que un evento catastrófico deja en una comunidad o en una sociedad entera. A diferencia del trauma individual, alcanza a grupos sociales amplios y altera su identidad compartida y su cohesión (Hirschberger, 2018).
- Trauma colectivo
- Reacciones psicológicas ante un evento traumático que afectan a toda una sociedad. Para Hirschberger (2018), el término va más allá del hecho histórico: el evento queda representado en la memoria colectiva del grupo, que lo reconstruye de forma continua para darle sentido.
- La definición clásica de Erikson
- El sociólogo Kai Erikson describió el trauma colectivo como un golpe a los tejidos básicos de la vida social, que daña los lazos que unen a las personas y deteriora el sentido de comunidad. El trauma individual irrumpe de golpe; el colectivo se instala de manera lenta, casi insidiosa (Erikson, 1976, como se citó en Hirschberger, 2018).
Ejemplos de eventos que pueden producir trauma colectivo
- Pandemias, como la de COVID-19 o la epidemia de VIH/sida.
- Guerras y conflictos armados, con las crisis de refugiados y la violencia civil que traen consigo.
- Atentados terroristas, como los del 11 de septiembre en Estados Unidos, y otros hechos de violencia masiva.
- Desastres naturales, como sismos y huracanes.
- Racismo sistémico y opresión cultural, como la colonización, la discriminación racial o el genocidio cultural.
Estos eventos dejan efectos psicológicos duraderos en el grupo y en cada persona. La comunidad pierde la sensación de seguridad y la confianza entre sus miembros; con frecuencia también se resquebraja la coherencia de su identidad colectiva.
- Fragmentación social
- Las relaciones dentro de la comunidad se fragmentan y la desconfianza crece. El resultado puede ser aislamiento y estigma, o una comunidad polarizada (Saul, 2013). Erikson (1994) observó ese aumento de la desconfianza en comunidades golpeadas por desastres causados por el ser humano, como la contaminación por mercurio que sufrió una comunidad ojibwa en Ontario o los vecindarios cercanos a la planta nuclear de Three Mile Island.
- Ruptura cultural y de identidad
- El evento puede romper las narrativas culturales y la identidad del grupo, con desorientación, duelo y, a largo plazo, un trauma cultural (Hirschberger, 2018). Hirschberger lo describe como una crisis de sentido: el grupo se pregunta por su valor y por sus creencias centrales; las víctimas pueden vivir humillación y pérdida de agencia, y los miembros de grupos perpetradores cargan con la culpa colectiva. El mismo autor advierte que el efecto no siempre es negativo: a menudo el trauma refuerza la pertenencia al grupo mediante un sentido de destino compartido.
- Disrupción económica y social
- Cuando la educación, el empleo, los servicios de salud y los recursos comunitarios se interrumpen por mucho tiempo, los estresores se acumulan y la recuperación se alarga (Erikson, 1994). Entre los casos que Erikson analizó está el de trabajadores agrícolas haitianos de un campamento del sur de Florida que perdieron los ahorros de toda su vida.
En el plano comunitario, las respuestas más comunes son ansiedad y duelo extendidos, rituales colectivos de luto, hipervigilancia y embotamiento emocional. El trauma colectivo deja memorias persistentes de pérdida y duelos no resueltos que alcanzan a generaciones que no vivieron el evento: la memoria colectiva sobrevive a los testigos directos y cada generación la reconstruye a su manera (Hirschberger, 2018; Saul, 2013).
¿Es un diagnóstico? Evaluación e instrumentos
No. Ni el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) ni la CIE-11 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025) incluyen el trauma colectivo como categoría diagnóstica. La evaluación se hace en dos planos: el de la comunidad, que dimensiona el malestar extendido, las necesidades y los recursos, y el de cada persona, donde sí pueden identificarse reacciones y trastornos con nombre diagnóstico.
Lo que puede diagnosticarse en cada persona
Categorías de la CIE-11 que conviene considerar en personas expuestas
- QE84 Reacción aguda al estrés: síntomas transitorios tras un evento extremadamente amenazante, incluidos los desastres naturales o provocados por el hombre. La CIE-11 la considera una respuesta normal que suele empezar a ceder a los pocos días, y la clasifica en el capítulo 24, no en el de trastornos mentales.
- 6B40 Trastorno de estrés postraumático: reexperimentación del evento, evitación y percepción persistente de amenaza durante al menos varias semanas, con deterioro del funcionamiento.
- 6B41 Trastorno de estrés postraumático complejo: suele seguir a eventos prolongados o repetidos de los que es difícil escapar; la CIE-11 menciona como ejemplos la tortura y las campañas de genocidio.
- 6B42 Trastorno por duelo prolongado: tras la muerte de una persona cercana, un duelo que supera los 6 meses y las normas del contexto cultural y religioso de la persona.
- 6B43 Trastorno de adaptación: reacción desadaptativa a estresores psicosociales identificables, como los problemas socioeconómicos; suele resolverse en 6 meses, salvo que el estresor persista.
En el DSM-5-TR, publicado en 2022, el trastorno de estrés postraumático pertenece al capítulo de trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, y el trastorno de duelo prolongado se incorporó como diagnóstico nuevo.
Instrumentos para la evaluación comunitaria
- Evaluaciones de necesidades comunitarias. Son un proceso coordinado, no un instrumento estandarizado. La guía del Inter-Agency Standing Committee (IASC, 2007), conocido en español como Comité Permanente entre Organismos, pide documentar cómo vive y reacciona la población ante la emergencia, cómo responden las comunidades y sus organizaciones, y qué recursos tienen junto con sus necesidades.
- Medidas de resiliencia comunitaria. Existen autoinformes validados, como el CCRAM (Leykin et al., 2013), con versiones de 28 y de 10 reactivos, que estima la resiliencia de una comunidad a partir de cinco factores: liderazgo, eficacia colectiva, preparación, apego al lugar y confianza social.
- Tamizaje individual en muestras de la población. Para estimar cuántas personas tienen síntomas se aplican escalas individuales, por ejemplo el Cuestionario de Salud del Paciente o PHQ (Spitzer et al., 1999), creado para detectar trastornos mentales en atención primaria, y el Cuestionario Internacional de Trauma o ITQ (Cloitre et al., 2018), que evalúa el TEPT y el TEPT complejo según la CIE-11. Estas escalas miden síntomas en cada persona; no miden la disrupción social ni el apoyo comunitario percibido.
Con los resultados de estas evaluaciones se definen las necesidades prioritarias y se orientan las intervenciones informadas por el trauma y las políticas públicas.
Intervenciones comunitarias informadas por el trauma
La respuesta al trauma colectivo se apoya en intervenciones comunitarias con sensibilidad cultural, orientadas a reconstruir la resiliencia del grupo y a reparar el daño. El respaldo empírico varía mucho de un componente a otro.
1. Primeros auxilios psicológicos a escala comunitaria
Después de un evento masivo, los primeros auxilios psicológicos (PAP) pueden ofrecerse a toda la población afectada. La guía de campo de la Red Nacional para el Estrés Traumático Infantil (NCTSN) y el Centro Nacional de TEPT de Estados Unidos los organiza en ocho acciones básicas, desde el contacto y acercamiento hasta el enlace con servicios de colaboración (Brymer et al., 2006a). Sus metas coinciden con los cinco principios que Hobfoll et al. (2007) propusieron, a partir de un panel internacional, para intervenir en las etapas temprana e intermedia de un trauma masivo: promover la sensación de seguridad, la calma, la eficacia personal y comunitaria, la conexión con otros y la esperanza.
Sobre su eficacia conviene ser prudente. La propia guía define los PAP como un enfoque informado por la evidencia (evidence-informed) y reconoce que el modelo todavía requiere apoyo empírico sistemático (Brymer et al., 2006a). Hermosilla et al. (2023) encontraron en su revisión sistemática resultados favorables, aunque con riesgo de sesgo alto, y señalan un desequilibrio entre la popularidad de la intervención y los escasos datos sobre sus resultados.
2. Rituales colectivos y reparadores
Las reuniones comunitarias, los memoriales públicos, la narración de historias, las ceremonias de recuerdo y las actividades artísticas conmemorativas ayudan a la comunidad a construir sentido y a vivir el duelo en conjunto; con ello pueden fortalecer su cohesión (Saul, 2013). Saul describe iniciativas de este tipo, como proyectos de narración colectiva y de teatro, en el sur de Manhattan después del 11 de septiembre y con refugiados liberianos en Staten Island. Son reportes de práctica comunitaria, no ensayos controlados.
3. Enfoques narrativos y culturalmente sensibles
Las intervenciones narrativas informadas por el trauma, la narración culturalmente adaptada y los programas de artes expresivas permiten a una comunidad procesar en conjunto lo ocurrido y validar su experiencia cultural. Hirschberger (2018) describe cómo, mediante la memoria colectiva, el grupo integra el trauma a su historia y a su identidad. La terapia narrativa de White y Epston (1990) nació en la psicoterapia con personas y familias; su aplicación a comunidades es una extensión del modelo.
4. Fortalecer los factores de resiliencia comunitaria
Saul (2013) propone reforzar de manera activa la resiliencia comunitaria: construir recursos locales, crear redes de apoyo dirigidas por la propia comunidad, ofrecer programas educativos informados por el trauma y promover la solución colectiva de problemas. Un ejemplo estructurado es el CART, un conjunto de herramientas que reúne a los actores locales en un proceso de evaluación, retroalimentación, planeación y acción (Pfefferbaum et al., 2013). El argumento empírico a favor es indirecto: las relaciones sociales posteriores al desastre predicen un mejor afrontamiento y la resiliencia (Bonanno et al., 2010).
5. Intervenciones sistémicas y de política pública
Atender los factores estructurales ligados al trauma colectivo, como la pobreza o el racismo sistémico, forma parte de la respuesta. Las políticas informadas por el trauma priorizan la asignación equitativa de recursos a las comunidades vulnerables. La guía del IASC (2007) coloca en la base de su pirámide de intervención el restablecimiento de la seguridad, de una gobernanza adecuada y de los servicios que cubren las necesidades físicas básicas.
¿Qué dicen las guías?
La guía del IASC (2007) y las de la OMS (2013) coinciden en varios puntos que conviene tener presentes al trabajar con una comunidad afectada.
- No asumir que toda persona expuesta queda con un trauma psicológico, ni que quienes parecen resilientes no necesitan apoyo (IASC, 2007).
- Organizar la respuesta por niveles: servicios básicos y seguridad; apoyos comunitarios y familiares; apoyos focalizados no especializados; y servicios especializados para el porcentaje pequeño de la población que los necesita (IASC, 2007). La versión oficial en español, Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias humanitarias y catástrofes, la difunde la Organización Panamericana de la Salud (Comité Permanente entre Organismos, 2007).
- No ofrecer debriefing psicológico de una sola sesión a la población general como intervención temprana (IASC, 2007). La OMS (2013) concluye que, aplicado de forma universal, no ha mostrado beneficio para prevenir el TEPT, y recomienda el acceso a primeros auxilios psicológicos como alternativa.
- Derivar a tratamiento a quien desarrolla un trastorno. Para adultos con TEPT, la OMS (2013) recomienda considerar terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, EMDR o manejo del estrés.
Referencias
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto rev.). American Psychiatric Association Publishing. DOI
- Bonanno, G. A., Brewin, C. R., Kaniasty, K. y La Greca, A. M. (2010). Weighing the costs of disaster: Consequences, risks, and resilience in individuals, families, and communities. Psychological Science in the Public Interest, 11(1), 1-49. DOI
- Brymer, M., Jacobs, A., Layne, C., Pynoos, R., Ruzek, J., Steinberg, A., Vernberg, E. y Watson, P. (2006a). Psychological first aid: Field operations guide (2.ª ed.). National Child Traumatic Stress Network y National Center for PTSD. Fuente
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- Comité Permanente entre Organismos. (2007). Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias humanitarias y catástrofes. IASC; Organización Panamericana de la Salud. Fuente
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- Hobfoll, S. E., Watson, P., Bell, C. C., Bryant, R. A., Brymer, M. J., Friedman, M. J., Friedman, M., Gersons, B. P. R., de Jong, J. T. V. M., Layne, C. M., Maguen, S., Neria, Y., Norwood, A. E., Pynoos, R. S., Reissman, D., Ruzek, J. I., Shalev, A. Y., Solomon, Z., Steinberg, A. M. y Ursano, R. J. (2007). Five essential elements of immediate and mid-term mass trauma intervention: Empirical evidence. Psychiatry: Interpersonal and Biological Processes, 70(4), 283-315. DOI
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- Spitzer, R. L., Kroenke, K. y Williams, J. B. W. (1999). Validation and utility of a self-report version of PRIME-MD: The PHQ primary care study. JAMA, 282(18), 1737-1744. DOI
- White, M. y Epston, D. (1990). Narrative means to therapeutic ends. W. W. Norton. ISBN 0-393-70098-4. Fuente
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