Trauma del desarrollo y trastorno traumático del desarrollo: guía clínica

Revisado por Dr. Óscar Rivas, Psicólogo clínico, PsyT

Última revisión: 2026-10-07 · Próxima revisión: 2027-10-07

Respuesta breve

El trauma del desarrollo es la exposición crónica, durante la infancia o la adolescencia, a violencia interpersonal y a rupturas graves del cuidado. Van der Kolk y colaboradores propusieron en 2009 el trastorno traumático del desarrollo, ausente del DSM-5 y del DSM-5-TR; en la CIE-11, el cuadro más cercano es el TEPT complejo (6B41).

¿Qué es el trauma del desarrollo?

El trauma del desarrollo es la exposición prolongada o repetida a experiencias traumáticas graves durante periodos tempranos del desarrollo, sobre todo en la infancia y la adolescencia. A diferencia del trauma por un evento único, es interpersonal por definición: casi siempre involucra a cuidadores u otras personas de confianza que tenían a su cargo la crianza y la seguridad del niño.

Los ejemplos incluyen la negligencia crónica, el abuso emocional persistente (rechazo, humillación), el maltrato físico, el abandono y la disfunción familiar sostenida, como el conflicto crónico entre los padres o la adicción o la enfermedad mental de alguno de ellos (van der Kolk, 2014; Perry, 2009).

Como estas experiencias se repiten dentro de los vínculos de cuidado y en etapas formativas, pueden interferir con procesos que se consolidan en esos años, como la regulación emocional y el apego seguro. Schore (2003) sostiene que el trauma relacional temprano altera la maduración cerebral y el desarrollo de la regulación del afecto, con consecuencias que a menudo persisten en la vida adulta. Es una teoría; la sección siguiente resume qué parte tiene respaldo empírico en humanos.

Consecuencias en el neurodesarrollo y alteraciones del apego

Según el modelo de Perry (2009), la exposición prolongada al maltrato o a la negligencia en la infancia activa de forma persistente los sistemas de respuesta al estrés. En ese modelo, el resultado es un estado sostenido de hiperactivación o de disociación, con efectos sobre la estructura cerebral y la regulación hormonal (Perry y Hambrick, 2008). Los estudios en humanos confirman que el maltrato infantil se asocia con diferencias neurobiológicas, pero esas diferencias son más pequeñas y menos uniformes de lo que sugiere esa descripción, y su relación causal no está establecida.

Respuesta al estrés: eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS)

La hipótesis de una elevación persistente del cortisol, que dañaría las vías neuronales en formación y afectaría la regulación emocional y la flexibilidad cognitiva, no se sostiene en los metaanálisis. Fogelman y Canli (2018) no encontraron una relación global entre estrés temprano y cortisol en ninguna de las cuatro medidas que analizaron y concluyeron que sus datos cuestionan la creencia, común en la literatura, de que el estrés temprano altera el cortisol en la vida posterior. Hubo mucha heterogeneidad entre estudios: en personas con antecedentes de abuso, la respuesta de cortisol al despertar fue mayor. Bunea et al. (2017) hallaron una respuesta de cortisol atenuada, no elevada, ante el estrés social (g = -0.39), más marcada en los estudios de maltrato y en adultos. Lo que muestran los datos es una desregulación del eje HHS con patrones variables, en ambas direcciones.

Estructura y función cerebral

Van der Kolk (2014) vincula el trauma crónico con cambios en la amígdala (mayor reactividad emocional), en el hipocampo (problemas de memoria y aprendizaje) y en la corteza prefrontal (menor función ejecutiva). La revisión de Teicher y Samson (2016) documenta asociaciones replicadas entre maltrato y diferencias morfológicas en la corteza cingulada anterior, la corteza prefrontal dorsolateral y orbitofrontal, el cuerpo calloso y el hipocampo de adultos, así como una mayor respuesta de la amígdala ante rostros emocionales. El volumen de la amígdala no sigue un patrón único: la privación temprana y el abuso posterior podrían tener efectos opuestos. Los mismos autores observan estas diferencias tanto en personas con psicopatología como en personas resilientes y proponen entenderlas como adaptaciones a un entorno adverso, no como daño.

Dos datos acotan el alcance de estos hallazgos. En muestras no clínicas, el metaanálisis de Calem et al. (2017) encontró un volumen del hipocampo apenas menor en adultos con adversidad infantil (g = -0.15), diferencia que dejó de ser significativa al controlar el sexo, y no halló pruebas sólidas de diferencias en la amígdala. En la investigación sobre TEPT, los estudios de neuroimagen han sido transversales y las revisiones de estudios prospectivos sugieren que parte de las diferencias existían antes del trauma (Scheeringa, 2026). Por eso conviene presentar estos datos como asociaciones y no como prueba de daño cerebral permanente.

Apego

El trauma del desarrollo afecta la formación del apego y con frecuencia se asocia con apego inseguro o desorganizado. Las relaciones tempranas marcadas por negligencia, rechazo, imprevisibilidad u hostilidad dificultan que se forme un vínculo seguro. En el metaanálisis de Cyr et al. (2010), que incluyó 10 muestras de niños maltratados (456 niños), estos mostraron mucha menos seguridad y mucha más desorganización del apego que otros niños de alto riesgo, con tamaños del efecto grandes (d = 2.10 y d = 2.19). El mismo trabajo encontró que los niños expuestos a cinco riesgos socioeconómicos acumulados no tenían menos desorganización que los maltratados: el apego desorganizado no indica por sí solo maltrato.

Schore (2003) propone que estas alteraciones tempranas dejan una vulnerabilidad duradera a la vergüenza y a la desconfianza, que en la vida adulta dificulta formar vínculos estables.

Criterios diagnósticos e instrumentos de evaluación

El trastorno traumático del desarrollo (TTD; en inglés, developmental trauma disorder, DTD) no es una categoría diagnóstica oficial: no figura en el DSM-5 ni en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association [APA], 2022). Van der Kolk (2005) propuso el término, y en 2009 un grupo encabezado por él presentó una propuesta formal para el DSM-V (hoy DSM-5), con criterios de consenso elaborados en la National Child Traumatic Stress Network (van der Kolk et al., 2009). La propuesta se rechazó por falta de evidencia empírica en ese momento (Spinazzola et al., 2021). Desde entonces, el mismo grupo ha estudiado el constructo en un ensayo de campo con niños y adolescentes (Ford et al., 2018; van der Kolk et al., 2019).

Trastorno traumático del desarrollo (TTD)
Síndrome propuesto para niños y adolescentes expuestos de forma crónica a violencia interpersonal y a rupturas del cuidado protector. Sus autores lo describen como un conjunto de síntomas de desregulación que van más allá del TEPT. No es un diagnóstico del DSM-5-TR ni de la CIE-11.

Criterios propuestos para el TTD (van der Kolk et al., 2009)

  • A. Exposición: durante al menos un año, desde la infancia o la adolescencia temprana, violencia interpersonal repetida y grave (vivida o presenciada) y alteraciones significativas del cuidado protector (cambios o separaciones repetidas del cuidador principal, o abuso emocional grave y persistente).
  • B. Desregulación afectiva y fisiológica (al menos 2 de 4 síntomas): incapacidad para modular estados afectivos extremos o recuperarse de ellos, alteraciones de funciones corporales como el sueño o la alimentación, disminución de la conciencia o disociación de sensaciones, emociones y estados corporales, y dificultad para describirlos.
  • C. Desregulación atencional y conductual (al menos 3 de 5): preocupación por la amenaza o dificultad para percibirla, poca capacidad de autoprotección, intentos desadaptativos de calmarse, autolesiones e incapacidad para iniciar o sostener conductas dirigidas a metas.
  • D. Desregulación del sí mismo y de las relaciones (al menos 3 de 6): preocupación intensa por la seguridad del cuidador, autoconcepto negativo persistente, desconfianza extrema, agresión reactiva, búsqueda inapropiada de contacto íntimo y dificultad para regular la respuesta empática.
  • E. Síntomas del espectro postraumático: al menos un síntoma en dos de los tres grupos de síntomas del TEPT.
  • F. Duración: los síntomas de los criterios B a E persisten al menos 6 meses.
  • G. Deterioro funcional clínicamente significativo en al menos dos áreas: escolar, familiar, grupo de pares, legal, salud o vocacional.

En la práctica, la evaluación se apoya en medidas de trauma del desarrollo como las siguientes:

Instrumentos de evaluación

  • Entrevista Semiestructurada del Trastorno Traumático del Desarrollo (DTD-SI): entrevista clínica de 15 síntomas que se aplica al niño, a su cuidador o a ambos; se usó en el ensayo de campo del TTD y mostró confiabilidad y validez en niños y adolescentes de 7 a 17 años (Ford et al., 2018).
  • Cuestionario de Trauma Infantil (CTQ): autoinforme retrospectivo de maltrato. Su versión breve (CTQ-SF) tiene 28 reactivos: 25 clínicos, en cinco subescalas (abuso emocional, físico y sexual; negligencia emocional y física), y 3 de minimización o negación (Bernstein et al., 2003). Se diseñó como tamizaje en adultos y sus propiedades en adolescentes se conocen menos (Hagborg et al., 2022). Mide exposición, no síntomas de TTD.
  • Entrevista clínica semiestructurada para síntomas y trastornos disociativos (SCID-D): evalúa amnesia, despersonalización, desrealización, confusión de identidad y alteración de identidad en adolescentes y adultos (Steinberg, 2023). Sirve para identificar los síntomas disociativos que con frecuencia acompañan al trauma del desarrollo.

Estos instrumentos ayudan al clínico a precisar el cuadro y a orientar el tratamiento. Ninguno establece por sí solo un diagnóstico, y no sustituyen la entrevista clínica ni la historia del desarrollo.

Tratamiento del trauma del desarrollo y Modelo Neurosecuencial

Por su complejidad, el tratamiento del trauma del desarrollo se plantea con enfoques integradores dirigidos a reparar el apego y la capacidad de regulación, con atención a la coherencia de la identidad. Los modelos que se revisan aquí dan prioridad a restablecer la seguridad en la relación y a estabilizar las emociones; el trabajo cognitivo y de elaboración viene después.

Modelo Neurosecuencial de Terapéutica (NMT)

Perry (2009) desarrolló el Modelo Neurosecuencial de Terapéutica (NMT, por sus siglas en inglés) como un enfoque guiado por el neurodesarrollo. El NMT no es una técnica terapéutica: es un marco para estimar qué sistemas y áreas cerebrales se vieron afectados por experiencias adversas y para decidir qué intervenciones usar y en qué orden. Propone atender primero las capacidades básicas de regulación y después el procesamiento emocional y cognitivo. Sus principios centrales son estos:

Principios del NMT

  • Reparación secuencial: empezar por las funciones que el modelo asocia al tronco encefálico y al diencéfalo (regulación sensorial y sensación de seguridad), seguir con la estabilización emocional ligada al sistema límbico y después avanzar a la integración cortical y cognitiva (Perry y Hambrick, 2008).
  • Intervenciones de regulación: actividades somatosensoriales repetitivas y con patrón rítmico, como música, danza o masaje, para estabilizar la desregulación fisiológica y reducir la hiperactivación y la disociación (Perry y Hambrick, 2008).
  • Estrategias relacionales y de apego: relaciones terapéuticas seguras y predecibles que favorezcan el apego seguro y la corregulación emocional. Perry y Hambrick (2008) señalan que el entorno relacional del niño, también fuera de la sesión, media el efecto de las intervenciones.

Otros enfoques usados en el trauma del desarrollo

  • EMDR centrado en el apego (AF-EMDR): integra el EMDR con intervenciones de reparación del apego y trabaja de forma explícita las heridas relacionales (Parnell, 2013).
  • Terapia basada en EMDR y bandeja de arena (sandtray): la bandeja de arena ofrece una vía de trabajo simbólica y metafórica, y el EMDR activa el procesamiento de la información para integrar los recuerdos traumáticos (Gómez, 2025).
  • Psicoterapia Diádica del Desarrollo (DDP): terapia centrada en la relación, creada por Dan Hughes para niñas y niños en acogimiento familiar o adoptados. El niño y su cuidador participan juntos en las sesiones, y el trabajo se dirige a reparar la confianza y la seguridad emocional dentro de la familia actual (Hughes et al., 2015).
  • Psicoterapia sensoriomotriz y otros enfoques somáticos: abordan los recuerdos implícitos y la desregulación corporal asociados al trauma mediante la conciencia corporal y estrategias de regulación fisiológica (Ogden et al., 2006).
  • Neurorretroalimentación (neurofeedback): entrenamiento con registro en tiempo real de la actividad eléctrica cerebral, que Fisher (2014) propone para reducir la activación dominada por el miedo en el trauma del desarrollo.

El respaldo empírico de estos enfoques es desigual y, en general, preliminar. Los autores de la DDP reconocen la falta de evaluaciones robustas (Hughes et al., 2015), y una revisión sistemática en familias adoptivas halló apoyo preliminar, con alto riesgo de sesgo, para intervenciones integradoras que la incluyen (Purrington et al., 2024). Para un formato grupal de psicoterapia sensoriomotriz hay un ensayo piloto aleatorizado con 32 mujeres con trauma infantil y control en lista de espera, que mostró mejoría en conciencia corporal y ansiedad (Classen et al., 2021). Los resultados de la Experiencia Somática son prometedores, pero requieren ensayos con menor riesgo de sesgo (Kuhfuß et al., 2021).

El neurofeedback redujo síntomas de TEPT en un ensayo aleatorizado con 52 adultos con TEPT crónico y control en lista de espera (van der Kolk et al., 2016); faltan ensayos en niños y con controles activos. El AF-EMDR y la terapia con EMDR y bandeja de arena se apoyan hasta ahora en propuestas clínicas y casos descritos en libros (Parnell, 2013; Gómez, 2025).

¿Qué dicen las guías?

Ninguna guía clínica evalúa el TTD como tal, porque no es un diagnóstico oficial. La ISTSS (2019a) concluye que todavía no hay evidencia suficiente para recomendar un tratamiento específico del TEPT complejo en niños y adolescentes. Los niños con ese perfil se benefician de la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, aunque algo menos que los que solo tienen TEPT, y la ISTSS plantea como línea de investigación adaptar esos tratamientos (por ejemplo, con más sesiones o mayor participación de los cuidadores).

Para el TEPT en niños y adolescentes, la ISTSS (2019b) emite una recomendación fuerte para la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (con el niño y su cuidador, o solo con el niño) y para el EMDR. La guía NG116 del National Institute for Health and Care Excellence (NICE, 2018) recomienda ofrecer terapia cognitivo-conductual individual centrada en el trauma a niños y adolescentes de 7 a 17 años, y considerar el EMDR cuando no responden a ella o no se involucran. La misma guía indica no usar fármacos para prevenir o tratar el TEPT en menores de 18 años.

De los enfoques descritos en este artículo, la ISTSS (2019b) clasifica el neurofeedback y la Experiencia Somática como intervenciones con evidencia emergente para adultos con TEPT. El NMT, la DDP, la psicoterapia sensoriomotriz, el AF-EMDR y la terapia con EMDR y bandeja de arena no figuran entre las intervenciones evaluadas por la ISTSS ni por NICE.

Referencias

  1. American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto rev.). American Psychiatric Association Publishing. DOI
  2. Bernstein, D. P., Stein, J. A., Newcomb, M. D., Walker, E., Pogge, D., Ahluvalia, T., Stokes, J., Handelsman, L., Medrano, M., Desmond, D. y Zule, W. (2003). Development and validation of a brief screening version of the Childhood Trauma Questionnaire. Child Abuse & Neglect, 27(2), 169-190. DOI
  3. Bunea, I. M., Szentágotai-Tătar, A. y Miu, A. C. (2017). Early-life adversity and cortisol response to social stress: A meta-analysis. Translational Psychiatry, 7(12), Artículo 1274. DOI
  4. Calem, M., Bromis, K., McGuire, P., Morgan, C. y Kempton, M. J. (2017). Meta-analysis of associations between childhood adversity and hippocampus and amygdala volume in non-clinical and general population samples. NeuroImage: Clinical, 14, 471-479. DOI
  5. Classen, C. C., Hughes, L., Clark, C., Hill Mohammed, B., Woods, P. y Beckett, B. (2021). A pilot RCT of a body-oriented group therapy for complex trauma survivors: An adaptation of sensorimotor psychotherapy. Journal of Trauma & Dissociation, 22(1), 52-68. DOI
  6. Cyr, C., Euser, E. M., Bakermans-Kranenburg, M. J. y Van IJzendoorn, M. H. (2010). Attachment security and disorganization in maltreating and high-risk families: A series of meta-analyses. Development and Psychopathology, 22(1), 87-108. DOI
  7. Fisher, S. F. (2014). Neurofeedback in the treatment of developmental trauma: Calming the fear-driven brain. W. W. Norton & Company. ISBN 978-0-393-70786-1. Fuente
  8. Fogelman, N. y Canli, T. (2018). Early life stress and cortisol: A meta-analysis. Hormones and Behavior, 98, 63-76. DOI
  9. Ford, J. D., Spinazzola, J., van der Kolk, B. y Grasso, D. J. (2018). Toward an empirically based developmental trauma disorder diagnosis for children: Factor structure, item characteristics, reliability, and validity of the Developmental Trauma Disorder Semi-Structured Interview. The Journal of Clinical Psychiatry, 79(5), Artículo 17m11675. DOI
  10. Gómez, A. M. (2025). EMDR-sandtray-based therapy: Healing complex trauma and dissociation across the lifespan. W. W. Norton & Company. ISBN 978-1-324-05365-1. Fuente
  11. Hagborg, J. M., Kalin, T. y Gerdner, A. (2022). The Childhood Trauma Questionnaire-Short Form (CTQ-SF) used with adolescents: Methodological report from clinical and community samples. Journal of Child & Adolescent Trauma, 15(4), 1199-1213. DOI
  12. Hughes, D., Golding, K. S. y Hudson, J. (2015). Dyadic Developmental Psychotherapy (DDP): The development of the theory, practice and research base. Adoption & Fostering, 39(4), 356-365. DOI
  13. International Society for Traumatic Stress Studies. (2019a). ISTSS guidelines position paper on complex PTSD in children and adolescents. ISTSS. Fuente
  14. International Society for Traumatic Stress Studies. (2019b). ISTSS PTSD prevention and treatment guidelines: Methodology and recommendations. ISTSS. Fuente
  15. Kuhfuß, M., Maldei, T., Hetmanek, A. y Baumann, N. (2021). Somatic experiencing - effectiveness and key factors of a body-oriented trauma therapy: A scoping literature review. European Journal of Psychotraumatology, 12(1), Artículo 1929023. DOI
  16. Lindenbach, D., Desai, P., Berza, V., Lee, J., Okoye, H., Herman, P., Dimitropoulos, G., Arnold, P. D. y Wang, E. Y. (2025). A scoping review on the neurosequential model. Child Abuse & Neglect, 170, Artículo 107745. DOI
  17. National Institute for Health and Care Excellence. (2018). Post-traumatic stress disorder (NICE guideline NG116). Fuente
  18. Ogden, P., Minton, K. y Pain, C. (2006). Trauma and the body: A sensorimotor approach to psychotherapy. W. W. Norton & Company. ISBN 978-0-393-70457-0. Fuente
  19. Organización Mundial de la Salud. (2025). CIE-11 para estadísticas de mortalidad y morbilidad (versión 2025-01). 6B41 Trastorno de estrés postraumático complejo. Fuente
  20. Parnell, L. (2013). Attachment-focused EMDR: Healing relational trauma. W. W. Norton & Company. ISBN 978-0-393-70745-8. Fuente
  21. Perry, B. D. (2009). Examining child maltreatment through a neurodevelopmental lens: Clinical applications of the Neurosequential Model of Therapeutics. Journal of Loss and Trauma, 14(4), 240-255. DOI
  22. Perry, B. D. y Hambrick, E. P. (2008). The Neurosequential Model of Therapeutics. Reclaiming Children and Youth, 17(3), 38-43. Fuente
  23. Purrington, J., Goodall, S. y Lynch, J. (2024). Family-based psychological interventions for domestically adoptive families: A systematic review. European Child & Adolescent Psychiatry, 33(5), 1239-1256. DOI
  24. Scheeringa, M. S. (2026). Evaluating evidence behind popular trauma narratives: Neurobiological and treatment claims in The Body Keeps the Score. BJPsych Bulletin, 50(4), 345-347. DOI
  25. Schore, A. N. (2003). Affect dysregulation and disorders of the self. W. W. Norton & Company. ISBN 978-0-393-70406-8. Fuente
  26. Spinazzola, J., van der Kolk, B. y Ford, J. D. (2021). Developmental trauma disorder: A legacy of attachment trauma in victimized children. Journal of Traumatic Stress, 34(4), 711-720. DOI
  27. Steinberg, M. (2023). The SCID-D interview: Dissociation assessment in therapy, forensics, and research. American Psychiatric Association Publishing. ISBN 978-1-61537-342-0. Fuente
  28. Teicher, M. H. y Samson, J. A. (2016). Annual research review: Enduring neurobiological effects of childhood abuse and neglect. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 57(3), 241-266. DOI
  29. van der Kolk, B. A. (2005). Developmental trauma disorder: Toward a rational diagnosis for children with complex trauma histories. Psychiatric Annals, 35(5), 401-408. DOI
  30. van der Kolk, B. A. (2014). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Viking. ISBN 978-0-670-78593-3. Fuente
  31. van der Kolk, B., Ford, J. D. y Spinazzola, J. (2019). Comorbidity of developmental trauma disorder (DTD) and post-traumatic stress disorder: Findings from the DTD field trial. European Journal of Psychotraumatology, 10(1), Artículo 1562841. DOI
  32. van der Kolk, B. A., Hodgdon, H., Gapen, M., Musicaro, R., Suvak, M. K., Hamlin, E. y Spinazzola, J. (2016). A randomized controlled study of neurofeedback for chronic PTSD. PLOS ONE, 11(12), Artículo e0166752. DOI
  33. van der Kolk, B. A., Pynoos, R. S., Cicchetti, D., Cloitre, M., D'Andrea, W., Ford, J. D., Lieberman, A. F., Putnam, F. W., Saxe, G., Spinazzola, J., Stolbach, B. C. y Teicher, M. (2009). Proposal to include a developmental trauma disorder diagnosis for children and adolescents in DSM-V [Documento no publicado]. Trauma Center at Justice Resource Institute. Fuente

Consulta nuestra política editorial

Recibe Psicotrauma

Nuevas guías, investigación y recursos en tu correo.

Suscribirme